Vol. 8 Núm. 15 (2025)
Hay personas que, en la situación actual, abrumadas por la tenaza de lo posthumano y la eutanasia nuclear, del ser más y la nada, quieren detenerse para pensar sobre lo que son como individuos dotados de una mente intelectiva y libre. Dentro de una humanidad aplastada bajo el peso del progreso científico tecnológico, que apuesta todo a la seguridad, el consumo y la perduración del disfrutar autónomo y presente, con actitud trasparente, líquida o, quizás, desesperada, se divisa el deseo de muchos por recuperar su ser humano verdadero.
Pero ¿querrá el ser humano seguir viviendo urgido por una mente agobiante y reflexivamente ausente? Dado que el mundo se ofrece cada vez más como la resultante estadística de una gran máquina matemática, ¿se atreverá la humanidad a emprender el esfuerzo necesario para liberarse de un destino que amenaza con volverla superflua? En el último decenio, además, habiendo crecido la pendiente de la incomunicación en la que cada persona se halló cada vez más sola por no encontrar un interlocutor fraternal y confiable, pareciera ingenuo apostar a una reanimación. En concreto, ¿será posible para el ser humano emprender un camino en el cual, animado por una sencilla esperanza, pueda regenerarse subjetiva e intersubjetivamente como ser libre, justo y manso?
En las personas en las que queda algún resto de capacidad de gratitud se da una tierra fértil para la esperanza. Esta acontece en el ser adonado que se capta como don y, fiel a ello, se comunica con el donador reconociéndolo. Este reconocimiento es producto de la libertad radical y de la mansedumbre. Por la primera, el adonado puede responder y, por la segunda, reconocer la propia finitud y abrirse al otro. De esta manera se establece la comunicación intersubjetiva entre el adonado y el donante. Su cumplimiento es posible en el amor que responde a la presencia del otro en cuanto tal y se expresa como gratitud. La falta de mansedumbre daría lugar al odio que elimina la presencia del otro como otro. La donación genuina acontece en el amor, pues trasciende todo interés, y ocurre en un ámbito de alteridad y perdurabilidad. En la gratitud el ser humano recobra la comunicación con el otro y vive con la esperanza, que es indispensable para reiniciar al ser humano verdadero en un mundo verdadero.
La revista Persona quiere una vez más hacer presente sus reflexiones a todos los que, coexistiendo mansamente como seres libres, tienen un fin más allá del universo temporal y a los oyentes de palabras fraternas que proceden del silencio.
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