Presentación: Persona es una publicación para promover un pensamiento oyente y crítico en la investigación de las ciencias humanas y en las relaciones entre ellas que quiere comprender y orientar a ese ser siempre indigente y trascendente que nace para la libertad y el amor. En primer lugar, se propone escuchar y reconocer a los otros y recoger el don de lo natural que suscita la gratitud. Cuando los oyentes son dos, en el cara a cara, dispuestos a dar asilo a la palabra del otro, se inicia el diálogo en que se opera, a la vez, la comunicación de la vida y una íntima metamorfosis que reelabora el poder ser de cada uno. En segundo lugar, se quiere ofrecer un saber crítico para la verdad. Es decir, un saber libre para el ser y el bien antes que investigador de utilidades; un pensar inquieto por los fundamentos antes que mercader de novedades; un saber que pregunta por la verdad para alcanzar la adecuación entre el intelecto y la realidad, en la humildad, y que relega la razón instrumental y mecanicista que opera al servicio del éxito y del poder.

Los artículos que presentamos en este número responden a distintas disciplinas
de la Facultad de Humanidades.

El primer artículo acomoda las elaboraciones filosóficas de Paul Ricoeur en un trazado que se afianza en la reflexión hermenéutica. Las interpretaciones de los filósofos y el pensamiento disperso en distintas creaciones culturales deben articularse para iluminar un sentido más profundo. La hermenéutica ricoeuriana se consolida con el análisis de la estructura semántica de los signos, pero no se cierra sobre el lenguaje, sino que  desemboca en la existencia humana. No obstante, entiende el autor del artículo, no es este el último horizonte
del pensador francés; su destino se halla en el ámbito de la ontología.

El segundo artículo ofrece el análisis de un famoso escrito de José Zorrilla: Don Juan Tenorio. Nos introduce en la comprensión del Romanticismo español, con sus componentes de nacionalismo y cristianismo, tal como las con cibe el escritor, y destaca la concepción de la moral y la religión que cultiva en su intimidad el sujeto romántico. El análisis de esta obra nos permite penetrar en el tipo de hombre que se repliega en un mundo ideal donde predomina el sentimiento íntimo, con capacidad de cierto arrepentimiento, y que choca con el mundo real, en el cual fracasa en su destinación a un amor humano imposible.

La reflexión del tercer escrito se dirige al fenómeno religioso en la sociedad actual, donde, según el autor, se ha dado un giro fundamental en el modo de interpretar a Dios y la religiosidad hasta llegar a proponer religiones sin Dios. Este giro ha consistido, esencialmente, en el alejamiento del Dios trascendente y en el sometimiento a un sustituto inmanentista. Fija en el racionalismo cartesiano el punto de partida de la disolución de la trascendencia en la inmanencia y proyecta, en el idealismo, la culminación del pensar inmanentista, donde
la conciencia origina en sí todas las cosas. No queda lugar para un ser trascendente y sobrenatural, ni para una revelación: la religión se reduce a una construcción de reglas éticas para la convivencia civil. En definitiva, considera el autor, la verdadera inmanencia de Dios permite la verdadera trascendencia, y viceversa; solo frente a este Dios verdadero es posible la fe cristiana.

En cuarto lugar, hallamos el esclarecimiento de dos conceptos: la Logoterapia y el Análisis Existencial. Desbordando sus aprendizajes con Freud y Adler, Frankl elabora una psicoterapia que parte de lo espiritual (la Logoterapia) y, ante la neurosis, que hunde sus raíces en la falta de sentido, propone una terapia que se ordena a la búsqueda de sentido. No reclama sustituir la psicoterapia, sino, más bien, complementarla. Por otra parte, Frankl sostiene que el Análisis Existencial es un método que ayuda a descubrir factores de sentido, especialmente al comprender la biografía del ser humano concreto. No se ordena solo a la Logoterapia, sino a cualquier psicoterapia.

En el último artículo, se resalta la importancia del adecuado ejercicio de supervisión de una persona sobre otras en el trabajo, desde la perspectiva psicopedagógica, y se resalta que, en la relación de supervisión, operan determinadas actitudes de intercambio, para las cuales el supervisor debe ser preparado desde su formación académica y a partir de principios teóricos. Deben ejercitarse las actitudes reflexivas y colaborativas, y se debe cultivar el empeño por la investigación permanente. Plasmado de este modo, el supervisor, en la vida profesional, podrá ayudar a otros colaborando con ellos y formándolos, a fin de que puedan superar las situaciones laborales difíciles y perfeccionarse en las restantes.

 

-La dirección

Publicado: 2016-12-25