• Persona
    Vol. 3 Núm. 5-6 (2018)

    Presentación

    Hoy la persona se halla en el seno de una ideología que se propone como “pensamiento único” y suscita la dialéctica entre los incluidos y los excluidos. Traspuestas las etapas, primero del desarrollo de los pueblos y después de la liberación humana integral, que incluyeron la mediación de las ciencias del hombre y la filosofía, se encuentran las comunidades populares al borde del barranco de la exclusión, temiendo en cada instante una caída irrecuperable. No abordamos aquí los diversos matices con los que el fenómeno se extiende a toda la humanidad. La opción preferencial por los pobres, que constituyó la respuesta cristiana a desafíos anteriores análogos al actual, en nuestros días, exige a las personas y las ciencias un nuevo esfuerzo creativo para instalar la fraternidad inclusiva y la ecología ambiental y humana en todo el planeta. En un mundo cada vez más pequeño, se deben reconfigurar los espacios, los bienes y los productos para que sean apropiados y suficientes para todos.

    El sistema individualista de exclusión propuesto en muchos países se desentiende no sólo de un sano medio ambiente sino también de la verdad, la paz interior, los lazos de cariño y la trascendencia. En este escenario aparecen incontables individuos fusionados en masas que bracean sin esperanza bajo un cielo vacío, no lejos de los refugios de otros en las montañas, mientras la técnica construye un mundo cada vez más autónomo para sustituirlos.

    Se ha planteado como camino de elevación, a partir de la contraposición entre inclusión y exclusión, el método analéctico o anadialéctico, puesto que permite alcanzar la universalidad y radicalidad de la filosofía en sintonía con la sabiduría popular, y la subsiguiente elaboración analógica del saber que brota en la dialéctica del encuentro –siendo que esta permite el don y la diferencia–. Ante el rostro del otro, persona o pueblo, e impulsado por el deber de gratitud, se intensifica en humanidad quien, sin ser obligatoriamente siervo, opta preferencialmente por hacerse siervo para suscitar una historia que supera tanto la exclusión como la autoinclusión excluyente. La superación a la que se alude se diferencia de la aufheben hegeliana (suprimir-conservar-elevar) puesto que incorpora especialmente un momento kenótico –función del anonadamiento o fuerte debilidad. En la analéctica no se sobreasumen los momentos anteriores en una universalidad concreta superadora; se piensan en el seno de una comprensión analógica y universal-situada del hombre. En última instancia, la analéctica es un método que reinterpreta la dialéctica de Tomás de Aquino cuando presenta los momentos de afirmación, negación y eminencia.

    Junto al método adoptado, se deben destacar algunos principios o ideas latentes en el pensar elemental de sabiduría: primero, privilegia la bondad sobre la maldad y la unidad sobre el conflicto, descartando el camino hermenéutico de la lucha de clases. Segundo, acepta simplemente la bondad inicial del hombre, la connaturalidad afectiva y la unidad del pueblo sencillo. Entiende que el amor es anterior al conflicto y soporte básico de la cultura e historia comunes y, por ello, permite fecundar soluciones que vigorizan y crean formas que afianzan la fraternidad. Por cierto, la comprensión de un pueblo con su unidad plural, cultura e historia, como también las soluciones éticas de los conflictos –que no son negados–, suponen la mediación de las ciencias del hombre, ya en la descripción y análisis inicial de los hechos y cambios, ya en la construcción de una respuesta adecuada y realista. Al mismo tiempo, en el método analéctico, el movimiento dialéctico es analógico. Es sabido que, la analogía permite establecer una relación entre dos relaciones, de tal modo que una cualidad o propiedad puede aplicarse a una cultura de un modo y a otra, de otro modo, en un sentido que escapa a la identidad y diferencia totales. La analogía expande el pensamiento a la trascendencia, tanto la vertical como la horizontal, esto es, tanto hacia lo divino como hacia otras personas. Permite la diferencia, creatividad y novedad culturales e históricas.

    Las estructuras en que se materializa la mayor contraposición dialéctica actual, es la que se da entre la inclusión y la exclusión, y que opera en los diversos componentes de la vida cultural. Aquella oposición debe ser resuelta a partir de aquel núcleo polimórfico del pueblo, que es el humilde protagonista de la historia. Sería ingenuo negar la presencia del dinamismo dialéctico, al igual que confiar su superación a la lucha de clases o el sometimiento inane a las fuerzas dominantes. El dinamismo dialéctico de los contrarios puede ser resuelto cuando el pueblo que mantiene su originalidad cultural incorpora a todas las personas en la búsqueda continua y creativa del bien común.

    En los artículos de esta publicación puede percibirse rasgos del saber analógico, dialéctico o casi-analéctico, a los que acabamos de referirnos, y aplicados a algunos aspectos de la cultura en que se contraponen lo incluido y lo excluido, que palpita en las raíces más íntimas de toda realidad. Así, en el artículo sobre “Lo sublime y lo feo: paralelismos convergentes” de Adriana Rogliano se muestra como la fea escena de la muerte de un excluido crucificado puede ser traducida, por un artista valioso, en una bella obra de arte: la sublime figura del amor que se dona. Por otro lado, en el tema sobre el Dasein, quizás, se deja entrever que la dialéctica no debe entenderse necesariamente como una síntesis superadora abierta al infinito, sino siempre limitada por la estructura finita del Dasein y su ser temporalmente con lo otro en el mundo, y siempre dispuesto aquel a probar un sendero hacia un sentido que no reside en el propio ser. También, se encuentra un caso en el que se aplica la analogía. Es el artículo sobre “La voz y la palabra”, cuando se aplica la composición hilemórfica aristotélica (de materia y forma) a la palabra y al lenguaje, para comprender la naturaleza del lenguaje humano.

    Un campo fecundo para el método analéctico se halla en el tema que estudia “la idea de universidad previa a la Reforma universitaria”.  En él se explica que las ideas que rigen dicha reforma encierran un proceso dialéctico con luchas y rupturas, aunque sin la dosis de conservación que supone la dialéctica, que apremia ser pensada sobre la evolución del ser vivo. Los planes científicos y tecnológicos proclamados no lograron componer, con analogía armónica, un organismo de saberes apto para una formación humana y social integral. Es más, excluyeron del ámbito universitario algunos componentes fundamentales de la cultura popular, como la religión y las tradiciones morales, y entregaron el núcleo de la cultura a la voluntad de poder del saber científico-tecnológico y a los instrumentos para su protección legal. Todo esto, a su vez, fue asimilado por una inmigración profusa y heterogénea, en busca de trabajo y progreso, pero con escasa motivación para unirse profundamente al alma del pueblo que la recibió. Hoy se puede constatar el resultado de aquella reforma que, al no identificarse prioritariamente con las convicciones más profundas del sentir popular, ocasionó en éste un difuso desgano, inestabilidad y desorientación. La falta de interés por el lenguaje nativo, su arte, historia e ideales, que dan un sentido consumado a la existencia, se hace presente en las jóvenes generaciones de clase media. Se puede hallar una corroboración idónea de este estado de cosas en el artículo sobre el desarrollo del pensamiento metacognitivo. Se muestran allí algunas falencias cognitivas producto de una educación que, al no crear los hábitos esenciales del saber humano, no favorecen la presencia de las técnicas y procesos de comprensión que reclaman las mismas ciencias positivas que alguna vez excluyeron los saberes e ideales que hubieran podido dar mejor fuego a la llama del saber. Por último, aparece en este número un escrito de Marcelo Bazán Lazcano, quien invita al lector a la consecución de un pensamiento riguroso, lógico o adecuadamente causal, mediante una elaboración deductiva, que demarca la posibilidad y consistencia del determinismo ontológico cuántico. Siembra la sospecha de que un compacto ejercicio de lógica es arduo para el pensamiento promedio.

                                                                                                                   La dirección

  • Persona
    Vol. 2 Núm. 4 (2017)

    Presentación: Para ir al encuentro de una integración del saber por medio del diálogo interdisciplinario, es preciso aceptar que la experiencia de la persona humana acontece en la tensión entre lo múltiple diverso y el todo unido. Los bienes particulares se donan a nuestra inteligencia siempre ligados a un entrevero estructurado y dócil de signos o palabras, siempre atraídos a la unidad en lo uno de cada sujeto. Algunos artículos del presente número de nuestra publicación quieren hacer presente la unidad alcanzada a partir del juego de las diferencias mediante una composición dialéctica e histórica de los elementos que inicialmente se hallaban contrapuestos; quieren alcanzar ese momento en que, sin abandonar la historicidad hacia adelante, el proceso logra incorporar lo anteriormente fragmentado y dividido, mas no lo aniquila. En otros artículos, la diferencia deja abiertos dos senderos que se resisten a todo encuentro.

    En el artículo “La diferencia entre la escuelas de Alejandría y Antioquía”, puede apreciarse que la confrontación entre dos escuelas cristianas hizo asequible una mejor comprensión de la verdad sobre la persona de Jesucristo.

    De este modo, en los primeros siglos del cristianismo, dos centros de reflexión cristianos, contrastando en diálogo fraterno sus elaboraciones sobre una verdad de fe, si bien dispuestas a progresar en la unidad, lograron articular sus diferencias en una fórmula compartida que rebasó los enunciados anteriores.

    El escrito filosófico “Distinción real y diferencia ontológica en Tomás de Aquino” aborda el tema clásico de la diferencia ontológica entre ser y ente que conduce al núcleo de la ontología tomista y exige la composición del ente real de esencia y acto de ser. Se afirmaron estos como coprincipios al modo de la potencia y el acto. Es así que el ser es aquello por lo que el ente es; no es el ente. El compuesto determinado por el acto de ser resuelve la tensión entre lo individual concreto y lo universal abstracto y justifica metafísicamente la multiplicidad, diversidad y concretez de los entes finitos.

    Bajo el título “El periodismo o la historia viva: desafíos actuales”, se revela que el incesante entrevero entre lo que acontece y lo publicado permite conocer y vivir mejor el presente que, al escalar el futuro, subtiende la historia. La inicial oposición e interdependencia entre lo que ocurre y lo noticiado puede progresar por la acción de distintos materiales y medios hacia un ejercicio más elevado del poder y la convivencia.

    Un atento análisis del texto rotulado “¿Son sistemas el individualismo y el holismo?”, realizado sobre la base de determinados criterios y definiendo cada uno por su objeto, nos muestra la oposición entre los sistemas individualista y holístico. En este caso, el autor decide no trasponer el umbral de la antítesis, pues le conduciría a aceptar un objeto a la vez concreto y abstracto, y con ello a reconocer una falsa unidad.

    El trabajo ilustrado sobre “El simbolismo de las imágenes bélicas en el mundo grecorromano” nos abre a dos posibles interpretaciones antitéticas de las representaciones artísticas de la guerra: para la una, la imagen refleja la realidad; para la otra, representa un ideal.

    En la oposición planteada, no se muestra la consumación en una forma superadora, resultado de un proceso dialéctico, sino dos tipos de interpretación de los cuales prevalece el que armoniza con las circunstancias en que la obra fue creada.

    “La educación cristiana como causa eficiente de la cultura cristiana” es la fórmula que rige el artículo sobre la educación cristiana según el pensamiento de Tomas de Aquino, quien propone alcanzar una armónica unidad entre la verdad natural y la sobrenatural.

    Esta unidad es el resultado de un proceso pedagógico por el cual el ser humano adquiere el estado de virtud, en el que puede disponer, de modo racional, estable y orgánico de todas sus facultades, para obrar libremente con rectitud. Por cierto, la cultura cristiana surgirá como efecto de personas educadas para vivir según las verdades naturales y de fe. Pues bien, quedan en manos del lector estos escritos, que de algún modo intentan unir realidades o conceptos inicialmente diferentes en una composición que suprime, conserva y excede; o bien puede mantenérselos como distintos cuando no es posible evidenciar o argumentar su unión.

  • Persona
    Vol. 2 Núm. 3 (2017)

    Presentación: La inteligencia de una persona humana le permite aprehender los entes en su identidad activa y evolutiva. Es por ello por lo que va a las cosas para hallar sus determinaciones y, aunque ningún compuesto de ellas abarque todo el ser que se da, ofrece un punto de vista. Este no es cerrado e incluye o remite virtualmente a otros enfoques. Es así que el intelecto es capaz de abrirse a muchos enfoques, aunque de modo dispar, sin abandonar la unidad activa, conceptual y supraconceptual del ente. Cada cosa, embebida en su principio de unidad, persevera y se entrega a la mente que la investiga y particulariza. A la apertura y donación de las cosas, responde la apertura de un centro espiritual atento y reflexivo que, al salir de sí hacia el mundo circundante ajeno, confirma su potencia y capacidad de concordar con lo más sublime de los entes, acogiéndolos en su presencia. Ahora bien, lo que se presenta es siempre perdurable y nuevo y, por ello, inagotable. Nuestra publicación quiere mostrar algo de la presencia múltiple de la persona y su destinación a responder una llamada sin límite, aunque apenas audible en la casa en que vive prisionera.

    El orbe del arte, al cual ingresamos por el primer artículo, constituye un modo de ser en el mundo: del dar creativo y del poseer íntimo y completo. Remite siempre a una actividad personal creadora gracias a la que un trozo de materia, sin desertar de su condición reglada, pierde su pesadez corpórea y se transfigura para suscitar un diálogo luminoso. Todo el ser de la obra (o producto), cosa viviente, temporal, anímica y espiritual, se dona a toda la esencia del hombre, perfeccionada por el hábito operativo del arte, para suscitar una compenetración de totalidades que alberga una idea, una duración supratemporal y una valoración en un entramado bello, universal y liberador. No obstante, más allá de la armonía más o menos alcanzada por numerosas escuelas y genios originales, en los últimos cien años irrumpió el vórtice del antiarte entregado a intereses extraestéticos, preferentemente comerciales. Ante esta embestida por parte de exitosas vanguardias para sustituir el gozo de la contemplación estética por la exaltación del asco, de lo extremo o del precio, la autora considera imprescindible volver a dar respuesta a la pregunta ¿Qué es el arte?

    Los seres humanos mantienen cierta convivencia justa mediante el cumplimiento de leyes que detallan el derecho positivo. Las teorías jurídicas justifican o establecen los supuestos o principios de dicho derecho y lo hacen en solidaridad con los conceptos de persona y sociedad expresados en los niveles jurídico y filosófico. En el segundo artículo de la presente publicación, se ha elaborado un análisis crítico de las ideas del cuestionado intelectual argentino Carlos Octavio Bunge sobre la ley jurídica, donde esta es pensada en relación con el orden social para obtener la paz y el poder de coacción para imponer su cumplimiento. En dicho contexto, el articulista explica los atributos de la ley (compulsiva, general y estable) y los principios de irretroactividad y retroactividad.

    En el tercer artículo, se desarrolla la explicación teológica de Tomás de Aquino sobre la transubstanciación eucarística, reflejada en himnos y oraciones del mismo teólogo medieval. Se reflexiona sobre la armonía existente entre la poesía y la metafísica de Tomás acerca de la presencia real y sustancial de Cristo en la Eucaristía y sobre el sacrificio eucarístico. Se destacan además los efectos personales para el cristiano de la comunión con Cristo: aumenta la fe, la esperanza y la caridad. Por último, concluye el autor del artículo: la unión con el Salvador origina en la vida de Tomás y del cristiano la unidad de sus distintas dimensiones existenciales.

    La teoría de la razón práctica en el realismo filosófico favorece el análisis ético de los actos humanos y, por el ejercicio de la virtud de la prudencia, convierte al ser humano en persona sabia. El autor del cuarto artículo señala que, cuando aquella razón es sustituida por la razón iluminista, cada vez más instrumental, la cultura se torna positivista, pragmática y nihilista. En nuestros días, la vida de las personas, no regidas ya por una razón que conduce a obrar libremente con rectitud, oscila entre los polos de la diversión y el trabajo, en el seno de un poderoso individualismo narcisista. La recuperación de la razón práctica, en una existencia en que la libertad se cumple en la intersubjetividad, permitirá la coexistencia en el amor y la defensa de la persona como un fin.

    El siguiente artículo tiene como protagonista a Edith Stein. La mujer, que hoy reivindica sus derechos e integración sociocultural, reconoce en esta luchadora una fuente sublime de sabiduría femenina y un testigo fiel hasta la muerte. No retuvo el ser discípula y asistente de Husserl como su último cumplimiento, sino que elaboró su propio camino crítico hasta ese lugar en que todo lo fenoménico cobra consistencia sobre un fundamento metafísico. En la promoción de la mujer, su objetivo no fue la venganza ni la degradación del varón, sino la elevación de la mujer atenta a los valores humanos comunes y movida por ellos, gracias a una fuerza que tiene su fuente en el Sumo Bien. La educación para alcanzar un saber riguroso y la formación en las virtudes y afectos en cepas femeninas fueron los caminos propuestos para poner a la mujer en una igualdad real, complementaria y perfectiva.

    El cuidado de la persona se debe potenciar cuando se dirige a un ser frágil y tornadizo, o avispar cuando se orienta a un ser estancado en algún recodo de un compromiso asumido. Por ello, en el último artículo, se ofrece un apreciable estudio ordenado a detectar dificultades metodológicas o de otro tipo que se presentan a los alumnos en los momentos débiles de sus carreras. Se elabora con la aspiración de disponer un  acompañamiento tutorial para el estudiante que flaquea, a fin de que reactive los motivos iniciales que lo embarcaron en un curso universitario o supere el mal uso de los métodos y retome los fines que se había propuesto con renovado vigor.

    Queda ahora a consideración del lector la riqueza o poquedad de cada escrito; la riqueza para administrarla; la poquedad para revertirla. 

     

    -La dirección

  • Persona
    Vol. 1 Núm. 2 (2016)

    Presentación: Persona es una publicación para promover un pensamiento oyente y crítico en la investigación de las ciencias humanas y en las relaciones entre ellas que quiere comprender y orientar a ese ser siempre indigente y trascendente que nace para la libertad y el amor. En primer lugar, se propone escuchar y reconocer a los otros y recoger el don de lo natural que suscita la gratitud. Cuando los oyentes son dos, en el cara a cara, dispuestos a dar asilo a la palabra del otro, se inicia el diálogo en que se opera, a la vez, la comunicación de la vida y una íntima metamorfosis que reelabora el poder ser de cada uno. En segundo lugar, se quiere ofrecer un saber crítico para la verdad. Es decir, un saber libre para el ser y el bien antes que investigador de utilidades; un pensar inquieto por los fundamentos antes que mercader de novedades; un saber que pregunta por la verdad para alcanzar la adecuación entre el intelecto y la realidad, en la humildad, y que relega la razón instrumental y mecanicista que opera al servicio del éxito y del poder.

    Los artículos que presentamos en este número responden a distintas disciplinas
    de la Facultad de Humanidades.

    El primer artículo acomoda las elaboraciones filosóficas de Paul Ricoeur en un trazado que se afianza en la reflexión hermenéutica. Las interpretaciones de los filósofos y el pensamiento disperso en distintas creaciones culturales deben articularse para iluminar un sentido más profundo. La hermenéutica ricoeuriana se consolida con el análisis de la estructura semántica de los signos, pero no se cierra sobre el lenguaje, sino que  desemboca en la existencia humana. No obstante, entiende el autor del artículo, no es este el último horizonte
    del pensador francés; su destino se halla en el ámbito de la ontología.

    El segundo artículo ofrece el análisis de un famoso escrito de José Zorrilla: Don Juan Tenorio. Nos introduce en la comprensión del Romanticismo español, con sus componentes de nacionalismo y cristianismo, tal como las con cibe el escritor, y destaca la concepción de la moral y la religión que cultiva en su intimidad el sujeto romántico. El análisis de esta obra nos permite penetrar en el tipo de hombre que se repliega en un mundo ideal donde predomina el sentimiento íntimo, con capacidad de cierto arrepentimiento, y que choca con el mundo real, en el cual fracasa en su destinación a un amor humano imposible.

    La reflexión del tercer escrito se dirige al fenómeno religioso en la sociedad actual, donde, según el autor, se ha dado un giro fundamental en el modo de interpretar a Dios y la religiosidad hasta llegar a proponer religiones sin Dios. Este giro ha consistido, esencialmente, en el alejamiento del Dios trascendente y en el sometimiento a un sustituto inmanentista. Fija en el racionalismo cartesiano el punto de partida de la disolución de la trascendencia en la inmanencia y proyecta, en el idealismo, la culminación del pensar inmanentista, donde
    la conciencia origina en sí todas las cosas. No queda lugar para un ser trascendente y sobrenatural, ni para una revelación: la religión se reduce a una construcción de reglas éticas para la convivencia civil. En definitiva, considera el autor, la verdadera inmanencia de Dios permite la verdadera trascendencia, y viceversa; solo frente a este Dios verdadero es posible la fe cristiana.

    En cuarto lugar, hallamos el esclarecimiento de dos conceptos: la Logoterapia y el Análisis Existencial. Desbordando sus aprendizajes con Freud y Adler, Frankl elabora una psicoterapia que parte de lo espiritual (la Logoterapia) y, ante la neurosis, que hunde sus raíces en la falta de sentido, propone una terapia que se ordena a la búsqueda de sentido. No reclama sustituir la psicoterapia, sino, más bien, complementarla. Por otra parte, Frankl sostiene que el Análisis Existencial es un método que ayuda a descubrir factores de sentido, especialmente al comprender la biografía del ser humano concreto. No se ordena solo a la Logoterapia, sino a cualquier psicoterapia.

    En el último artículo, se resalta la importancia del adecuado ejercicio de supervisión de una persona sobre otras en el trabajo, desde la perspectiva psicopedagógica, y se resalta que, en la relación de supervisión, operan determinadas actitudes de intercambio, para las cuales el supervisor debe ser preparado desde su formación académica y a partir de principios teóricos. Deben ejercitarse las actitudes reflexivas y colaborativas, y se debe cultivar el empeño por la investigación permanente. Plasmado de este modo, el supervisor, en la vida profesional, podrá ayudar a otros colaborando con ellos y formándolos, a fin de que puedan superar las situaciones laborales difíciles y perfeccionarse en las restantes.

     

    -La dirección

  • Persona
    Vol. 1 Núm. 1 (2016)

    Presentación: Esta nueva publicación sobre humanidades se dirige a todas las personas con inquietudes humanísticas, filosóficas, psicológicas y educativas que están dispuestas a crecer en la verdad, la sabiduría y el amor. Quiere contribuir a encontrar y liberar la verdad sobre la persona humana: el ser que se desarrolla desde un en sí, o principio interno de actividad, y sale de sí libremente como don hacia el otro. Esto es, un ser que dispone de sí para hacerse disponible, y que puede hacerse disponible cuando dispone de sí. Este ser en sí y para el otro no se justifica como un puro resultado de múltiples influencias sociales, pero tampoco como alguien que puede modelarse en un aséptico solipsismo. Sobre este ser complejo, subsistente y relacional, se quieren ofrecer
    elaboraciones de las diversas ciencias naturales del hombre y la filosofía, para disponer una mirada de conjunto que facilite el diálogo de las diversas frecuencias luminosas de su verdad.

    La urgencia del diálogo fraterno hace que las diversas ciencias pospongan los conflictos de jerarquía, no porque sean iguales, sino porque se hacen iguales, a fin de que resuene la armonía de los diversos  instrumentos e intérpretes del saber. Esta publicación quiere brindar su escenario para que, en él, cada
    uno pueda ofrecer la parte que ha meditado en su refugio interior o ha concertado con otros.
    Asumiendo todo lo que es bueno, se propone superar la dominación de la experiencia colectiva del deseo que, revelándose bajo el rostro del consumo, encauza hoy la educación y la cultura en las fantasías de un modelo
    centralmente técnico que suprime aspectos fundamentales de la condición humana. Ante la esterilidad y ausencia de sentido, frutos de un destino mecánico, habrá que favorecer la capacidad de distancia propia del hombre, de tal modo que, desde su condición de ser espiritual pueda orientar la existencia humana hacia su fin último y trascendente. De tal modo que, desde la serenidad que permite la intencionalidad, alcance un trato con las cosas que, redimidas de ser puro objeto de dominación, vuelvan posible que sus esencias se manifiesten y susciten la gratitud, el crecimiento recto y la celebración.

    Se orientará hacia un pensar que, reconociendo la unidad personal de cada ser humano, concentre sus elaboraciones intelectivas y sus fuerzas volitivas en un ideal, que le permite ser grande, aun en lo más pequeño, y superar la esclavitud del “infinito desgraciado”, para llegar, por la recepción de la iniciativa que viene de lo alto y el ejercicio orgánico de las virtudes, al descanso agustiniano que sólo puede cumplirse en relación con el “infinito verdadero”.

    Esta publicación invita a todos, teóricos y prácticos de las humanidades, a elevar, transfigurar y perfeccionar las ciencias filosóficas y humanas mediante el esfuerzo por unir confiadamente, y no con pegamento, las elaboraciones de las ciencias naturales del hombre, la filosofía y la teología, y afinar, en clave realista, los nexos entre palabra, valor, verdad y vida. Y, más allá, en lo más hondo y lejano, por la confianza de los caminantes, quiere descubrir un sendero que partiendo de lo cierto se aventura, apreciando convergencias y sorteando diferencias, en lo insondable del Misterio.

    Alentando la propagación de esta publicación periódica, que no hubiera sido posible sin el valioso apoyo del Sr. Rector de la Universidad, Dr. Hernán Mathieu, la colaboración del Consejo Académico de la Facultad de Humanidades y el impulso de la comunidad académica, se augura que sea para todos un nuevo medio para favorecer los estudios sobre la persona humana, su valor y su sentido.

     

    -La dirección

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